En el psiquiátrico de Sant Boi

JoanJoan
Ingresos forzosos
23 de julio de 2014

Mi familia y amistades detectaron que había perdido el norte durante dos semanas teniendo alucinaciones en todos los sentidos y delirios continuos. Por ejemplo en el plano visual me veía una áurea alrededor de mi cuerpo primero azul y luego otra vez que la vi fue amarilla, o también veía hilos transparentes que unían a las personas como también vi en la pared de mi habitación como un gusano se convertía en capullo y a la vez las sabanas de la cama se me cubrían cuando estaba destapado al completo, luego el capullo pasaba a ser mariposa voladora. En el plano auditivo andando por la calle todo el mundo me insultaba diciéndome “hijo de puta”. En el aspecto olfativo por ejemplo me olía la piel del cuerpo y tenía un olor dulce. En el plano gustativo comía un alimento y tenía un sabor nunca sentido anteriormente. En el aspecto táctil por ejemplo tenía como punzamientos en el cuerpo, como pellizcos o notaba aire frío o de calor en situaciones que físicamente no se daban. Y en los delirios me creía Dios y que tenía superpoderes. Son unos pocos ejemplos de todo lo que me llegó a pasar.

Mi familia y amigos ante la impotencia de no saber que hacer por la noche llamaron a urgencias, vino una ambulancia a casa, me ataron a una camilla y me llevaron al complejo psiquiátrico más prestigioso de toda Catalunya, formado por el psiquiátrico de les Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús-Benito Menni y el psiquiátrico de Sant Joan de Déu, ubicados en Sant Boi de Llobregat, uno al lado del otro. Yo ingresé en el de les Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús-Benito Menni.

Nada más entrar me llevaron atado a la camilla hacia una habitación con paredes blancas, un pequeño armario empotrado de madera y una pequeña ventana con persianas que te impedía ver el cielo. Me encontraba dentro de la habitación con ocho personas entre ellos enfermeros y auxiliares, me desataron de la camilla y me dijeron que pasara a la cama, por un momento tuve un alivio al desatarme hasta que me dijeron que me debía desnudar al completo. Me negué a desnudarme y a la fuerza me desnudaron, de mientras una enfermera sonreía al creerse que no tenía poder al decidir sobre mi vida, que ellos eran todo poderosos. Me acabaron desnudando y me pusieron unos calzoncillos y una bata blanca, ya que la ropa individualiza y querían que tomara el rol de paciente en todas sus formas, despersonalizado. Luego me pincharon en el culo lo cual sería un calmante y me obligaron a tomar medicamentos antipsicóticos. No opuse resistencia violenta, no amenacé a nadie ni chillé; pero ellos me volvieron a atar a la cama. Me ataron de una manera que tenía los brazos totalmente rígidos y estirados y no podía moverme de cintura para arriba, los pies me los ataron pero había una pequeña movilidad.

Me dijeron que me ataban para que no me lastimase, pero justamente el delirio que tenía es que todo el mundo me quería hacer daño, yo mismo no me iba a lastimar. Se fueron de la habitación y la cerraron. Permanecí ahí mismo tres días sólo atado a la cama, me desataban un brazo cuando me traían la comida y la medicación, por lo que agradecía mucho al poder tener movilidad y alargaba la comida lo máximo posible. Yo no sabía que me pasaba, desconocía por completo porqué me encontraba así y ningún enfermero ni auxiliar en el momento del ingreso se paró a hablar conmigo preguntándome que me pasaba, que temía y ofrecerme una pequeña conversación tranquilizadora, lo que era una gran necesidad.

Cuando pasaron los tres días me desataron de la cama y me abrieron la puerta. Y me dieron un mono azul para ponérmelo, les di la bata. Tenía los brazos molidos, porque tal estiramiento y rigidez a la que me habían mantenido durante tres días y mis intentos por moverlos un poco, pero no podía, los tenía totalmente estirados me producía un gran dolor en el brazo, me sentí muy incómodo en la misma postura estos tres días, sin poder moverte, sólo la cabeza y un poco las piernas.

Una vez fuera de la habitación vi una pequeña sala dónde había televisión y otra sala que era el comedor, que a la vez era la zona para fumar, y entre medio un espacio dónde estaba lleno de sillas acolchadas que podías estirar y tumbarte en ellas. Y una pequeña habitación de enfermería. En total hacía un espacio de 100m2. Era la segunda planta del pabellón H de les Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús. A causa de la medicación tenía gran somnolencia y me pasé estirado en esas sillas la mayor parte del tiempo durmiendo. No había nada que hacer, no había patio, sólo televisión y cigarros. Hablabas con la gente, con algunos tenías una especie de afinidad con otros no, porque se pasaban el día durmiendo. Los auxiliares y enfermeros para lo único que te hablaban era para decirte el nombre y los gramos de la medicación que tomabas. A la hora de comer sólo había cucharas. Y una buena mañana a las seis me despertaron los enfermeros para sacarme sangre y para que meara en una probeta para luego hacerme el control si había tomado drogas, y en esos momentos no podía mear, era demasiado temprano les dije dos veces que no podía mear, y ellos me amenazaron que si no meaba por las buenas me iban a sacar el meado por las malas metiéndome una sonda por el agujero del pene hasta sustraerme el meado, lo cual empecé a beber agua como si estuviera en medio del sahara y me hubiera pasado días y días sin probar gota. Me pasé ahí metido una semana en total.

Sin olvidar que una auxiliar me dio unos calzoncillos cagados ajenos para que me los pusiera y al verlos cuando se fue ella, los tiré al suelo.

Luego me cambiaron de habitación, compartida por dos personas más, en la tercera planta, lo único que hacía ahí era dormir, y durante el día estaba en la primera planta, con una sala de televisión, un comedor grande, la cual era la sala de visitas y sala de juegos, los únicos que tenían era el ajedrez, las damas y el parchís. Y el tan ansiado patio con tres palmeras y árboles, un ping pong y bancos para sentarte. Ya podía vestir con mi ropa de calle, les di el mono azul.

Cuando bajé fue agradable respirar aire fresco después de unos días donde lo único que inhalaba era aire contaminado por unas paredes que encerraban angustia, incomprensión, aunque había muros y cámaras de videovigilancia enfocadas al muro. Y el espacio de recorrido era poco, suerte que había pájaros cantando todo el rato que nos deleitaba la estancia allí. Por otra parte no podías tener un móvil, lo que te dejaba fuera de órbita, no podías hablar con nadie por teléfono, pero yo fui listo y le dije a mi madre que me pasara el móvil y así pude comunicarme por medio de mensajes a colegas, nadie sabía que tenía el móvil dentro, ni los compañeros ni ningún auxiliar ni enfermero. Tampoco se podían tener videoconsolas de mano. Dicen que el aburrimiento es contrarevolucionario, pues el psiquiátrico nos ganó la partida por adelantado. Sólo hacías que fumar, ahí dentro había pocas cosas de que hablar, de la enfermedad de que sufrías y un poco de tu vida por ahí encima y poca cosa más, porque no había actividades, ah si! se me olvidaba, tenías una tarde a la semana de manualidades, pintar murales con acuarela o construir pequeños monumentos con material reciclado, solamente eso. Pedí un psicólogo ya que me notaba perdido para que me ayudara a levantarme pero el psiquiatra me dijo que no, que la medicación era la única solución y tenía con él una visita fugaz a la semana y si había suerte dos, lo único que hablábamos era si tenía delirios o alucinaciones, cuatro preguntas y me decía que se había acabado la visita.

En un momento cuando comíamos, que por cierto había tenedor, se me pasó un delirio por la mente de que me querían hacer daño y le dije a la enfermera que daba la medicación de que quería bajar al patio, se lo dije dos veces, y la tía en lugar de venir a hablar conmigo, decirme que me pasaba, como me encontraba, etc… me amenazó con subirme otra vez a la segunda planta y callé, me guardé todo lo que tenía para adentro y fingí que no me pasaba nada. Los compañeros me contaron que a un chico el mes pasado que se negó a comer durante dos días vino una enfermera y le pilló del cuello fuertemente lo agachó al plato y le obligó a que comiera, el tío chillaba del dolor y la enfermera seguía cogiéndole el cuello. Espantoso.

Entonces empecé a poder tener visitas, la familia y amigos me podían venir a ver 3 horas al día que estaba especificado como visitas y el fin de semana, sábados y domingos, me podían ver 5 horas al día, por la mañana y por la tarde. Era una mierda, una restricción de visitas muy fuerte, yo creía que allí a los enfermos se les podía ver a cualquier hora del día como en un hospital normal, había familiares o amigos que no me podían ver en estas horas porque trabajaban y se quedaron sin poder verme y dar el tanto apoyo que necesitaba en aquellos momentos. Gracias a ellos fue mi recuperación rápida, solamente se la debo a ellos (y no a los psiquiatras) que eran los que me daban el apoyo abundante y me reía mucho con ellos.

Vi como un chico y una chica se besaban en la boca y los subieron a los dos a la segunda planta como castigo, no se podían dar besos en la boca y lo que es peor, una mujer cincuentona que daba un beso a la mejilla cuando nos encontrábamos para bajar al patio a quien quería para dar los buenos días, se lo prohibieron. No se podían dar ni besos en la boca ni en las mejillas, deshumanizador total, el psiquiátrico cada vez tenía más idea de que no era un hospital… sino se asemejaba más a una cárcel con muchos condicionantes y límites. Que en lugar de mejorar al enfermo lo mantenían ahí encerrado sin ningún tipo de estímulos emocionales.

Al patio no se podía estar siempre, había un horario también de apertura, después de la comida se estaban dos horas y media sin abrirlo. Al lado del patio había un campo de futbol-sala con dos porterías y cuatro canastas de basket, pero ahí sólo podíamos entrar una vez a la semana, y si se lo pedías de rodillas a los auxiliares te daban una pelota de basket y otra de fútbol y durante poco tiempo, lo cual experimenté una vez que estuve ahí jugando a basket que se me quitaron por arte de magia todas las paranoias que tenía en la cabeza, pero esto ellos no lo entendían, de lo que se trataba es que les molestaras lo mínimo y te tomaras la medicación. El trato con los psiquiatras, enfermeros y auxiliares era muy frío, muy distante, era una relación que te marcaban todo, cuando podías dirigirte a ellos, no cuando lo necesitaras siempre; de que podías hablar y de lo que no podías y te hablaban muy poco, cortaban rápido la conversación para marcarte las distancias. Debería haber voluntariado normalizador o educadores sociales que fueran allí para hablar y conversar contigo y hacer cosas conjuntas, y se comportaran como alguien más, un colega más, alguien que de verdad te diera calor.

Al cabo de las dos semanas empecé a tener salidas los fines de semana, salía el viernes por la tarde y volvía el domingo por la tarde y luego el lunes le contaba al psiquiatra que tal había sido mi salida, lo cual siempre era muy positiva, creerme cualquier cosa era mejor que estar ahí dentro. Un compañero con depresión me dijo que no quería salir los fines de semana porque después a la vuelta se encontraría otra vez en la misma situación aislado y para él sería muy duro volver a esta realidad y prefería no salir de permiso, para no ponerse la miel en los labios.

Una tarde, una mujer de unos 50 años a la que se le aplicaba el TEC (electroshock en el cerebro, se aplica cuando el paciente sufre una grave depresión o psicosis) murió de paro cardiaco en el mismo psiquiátrico, la vinieron a buscar su cuerpo sin vida la ambulancia para llevársela, lo malo de todo esto, es que antes de hacer esta “terapia” te hacen firmar a la familia unas hojas conforme que estás dispuesto de afrontar los riesgos. Se aprovechan del desconocimiento de la gente en torno a la salud mental y de la confianza que hay en los expertos para hacer consentir a la familia este tipo de prácticas.

Por otra parte había una asamblea-farsa a la semana, que por lo que me dijeron siempre se pedía lo mismo y nunca se cumplía nada, mínimas cosas como que las sillas que hay allí en la primera planta son muy incómodas y las cambiaran o que pusieran aceite en las comidas para el pan o las ensaladas y decían que si por ellos fuera que si, pero que no había presupuesto para hacerlo. Eso es una gran mentira, los 22 días que me pasé ahí costaron a la seguridad social 3.500 euros, a 160 euros por día, como si fuera un hotel y hubiera spa, buena comida, barra libre y sala de billar. Lo que estaba claro es que inflaban lo máximo el dinero de tu estancia allí para recaudarse sus fondos la Iglesia y las monjas del Sagrat Cor de Jesús. Negocian con la salud pero de una manera abismal.

En fin, de lo que más se hablaba en el patio es que era una cárcel el psiquiátrico, que de hospital no tenía nada, todo el mundo y cuando digo todos es todos estábamos de acuerdo en ello, suerte que a los 22 días me dieron el alta, ahí no voy a volver más y si vuelvo me rebelaré en todas las injusticias que vea.

En los 22 días no hice ningún intento de fugarme, pero lo tenía en mente las 24 horas del día. Al final, hablando con mis padres, me convencieron de que no lo hiciera, pero el deber de todo preso es fugarse.

Cabe remarcar por último, que es difícil para la familia y los amigos tratar con un brote psicótico, a una persona con delirios y alucinaciones no se sabe muy bien que decirle como apoyarle como hacerle entrar en razón. Está claro decir que los psiquiátricos oficiales no son la solución, sino un tipo de psiquiatría diferente, más igualitaria, solidaria y libertaria, que el paciente no sufra la opresión por parte de un poder supremo. Y la medicación de primeras ayuda y es una solución más que necesaria, no hay que dejar de tomar la medicación sin llegar a un consenso con el psiquiatra, pero también cabe decir que estoy en contra de la sobremedicación. Pero no es la única vía, hay muchas y todas son complementarias, como está el hablar mucho y entrarle en razón mediante la conversación. Y sobretodo decirle de que sufre, si es trastorno bipolar, brote psicótico (o esquizofrenia) o depresión, etc. Que sepa que le está pasando porque la mayoría de veces su primera vez el sujeto no sabe lo que le pasa.

Pd: me dijo una auxiliar de enfermería que en su protocolo de comportamiento tiene un punto que prohibe dar caricias, abrazos, besos, tocamientos, dar la mano; un profesional al paciente, con la excusa de ‘respetar al paciente’. Pensar por vosotros mismos.

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2 comentarios en “En el psiquiátrico de Sant Boi

  1. Yo e estado en la UCA (unidad de crisis de adolescentes) en el hospital tauli y la verdad es que en ese hospital te tratan muy bien, te entienden, empatizan muchisimo contigo, etc.. Y aunque no me gustaba nada porque no deja de ser un psiquiatrico la verdad es que haciamos muchas cosas al dia para no aburrirnos y despejar la mente. Para mi el enfermero que mas me ayudó en la UCA fue Vicente es el mejor enfermero que podria pedir un paciente, es el que mas te entiende y empatiza contigo es un enfermero de 10

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  2. Pues yo he estado involuntaria por depresion y ya habia estado antes por lesiones y a mi el manicomio me destrozo literalmente. Era universitaria. Y por fin mi familia ya no me pone drogas en la bebida pero me parece una gran mentira y un gran negocio aparte de lo mal vistos que estamos en sociedad y que siempre acabamos necesitando ayuda psicologica en algun que otro momento y como no quiero trabajar mi psiquiatra es reacia a darme el alta. Me parece muy injusto lo que nos hacen sin contar que conozco gente que se ha suicidado nada mas salir de planta y que yo misma he tenido intentos y si los psiquiatras me siguen hundiendo la vida me voy a suiza con todos los informes y pido el suicidio asistido.

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